La inercia y el sinsentido de la política, el arte y la información

May 25, 2021

Chacras

Opinión

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Cuando todo es político, ya nada es político. Todo el mundo se ha vuelto potencialmente creativo. La acumulación de información no es capaz de generar verdad. Tres frases que en la década del 90 Jean Baudrillard acuñó y que hoy explican la apatía que nos generan los temas políticos, la usina de las noticias y la creatividad volátil.

Por Valeria Mendez

Buscando respuestas a la sensación de futilidad que me generan las cosas, al sinsentido de la política, al sinsentido de la creación estética, de la fotográfica, de los sistemas, de la producción y depredación, de los círculos o ciclos que se repiten, de la información que desinforma o genera aún más indiferencia y apatía, encontré una punta.

Hurgando en mi biblioteca y haciendo un esfuerzo por combatir el sinsentido de leer,  me topé con un viejo libro universitario: “La Transparencia del Mal”, de Jean Baudrillard. Recordé que le decíamos el Bodrión porque nos parecía un divague enroscado todo lo que el francés escribía a finales de los 90. Nosotros, ignorantes e incapaces de ver más allá, no estábamos entendiendo nada.

Desempolvé el libro y una noche frente al hartazgo de los programas televisivos que lobotomizan nuestras mentes, hice un esfuerzo y empecé a leer otra vez aquel texto olvidado. No tuve que avanzar demasiado, el primer capítulo de La Transparencia del Mal me resultó asombroso. Baudrillard describe lo que yo interpreto como el origen de la futilidad y del sinsentido. De manera certera, se anticipa al tiempo que vivimos hoy: la consecuencia de los excesos.

Dice el filósofo: “Cuando las cosas, los signos y las acciones están liberadas de su idea, de su concepto, de su esencia, de su valor, de su referencia, de su origen y de su final, entran en una autorreproducción al infinito. Las cosas siguen funcionando cuando su idea lleva mucho tiempo desaparecida. Siguen funcionando con una indiferencia total hacia su propio contenido. Y la paradoja consiste en que funcionan mucho mejor”. Podemos agregar que son eficaces pero pierden sentido.

“Así, la idea de progreso ha desaparecido, pero el progreso continúa. La idea de la riqueza que sustenta la producción ha desaparecido, pero la producción continúa de la mejor de las maneras. Por el contrario, se acelera a medida que se vuelve indiferente a sus finalidades originarias. Podemos decir de la política que su idea ha desaparecido, pero el juego político continúa con una indiferencia secreta respecto a su propia baza….”

Más delante afirma: “Cuando todo es político, ya nada es político, y la palabra carece de sentido”.

“Ya no existe vanguardia política, sexual ni artística que responda a una capacidad de anticipación, y por consiguiente, a una posibilidad de crítica radical en nombre del deseo, en nombre de la revolución, en nombre de la liberación de las formas”.

Luego explica cómo la modernidad lejos de habernos llevado a una transmutación de todos los valores, nos lleva a una “dispersión e involusión del valor, cuyo resultado es para nosotros una confusión total” o lo que es pero aún “la imposibilidad de reconquistar el principio de una determinación estética, sexual o política de las cosas”.

Sobre la política termina diciendo que “estamos en la transpolítica, o sea en el grado cero de lo político, que también es (siguiendo su idea primigenia) el de su reproducción y simulación indefenida… Así pues la política jamás acabará de desaparecer pero no permitirá que aparezca nada en su lugar. Estamos en la histeresia de lo político”.

¿Qué es la histeresia?

Baudrillard toma el concepto de Pierre Bourdieu que habla del “efecto histéresis del habitus”, haciendo una analogía con la propiedad de los metales de soportar los golpes y volver a su estado anterior (histéresis). En el campo de la sociología y la política Bourdieu utiliza el término para expresar  “el retraso de acción respecto a las expectativas y las demandas devenidas de ocupar objetivamente una posición social”. En síntesis la política no evoluciona, no cambia, no da paso a lo nuevo, reproduce un esquema vicioso y vacío de sentido.

Lo mismo sucede con la creación, con las artes visuales, fundamentalmente con la fotografía. También Baudrillard se anticipa a ello en 1990 y dice: “detrás de todo el movimiento convulsivo del arte contemporáneo existe una especie de inercia, algo que ya no consigue superarse y que gira sobre sí en una recurrencia cada vez más rápida (… ) Todo el mundo se ha vuelto potencialmente creativo  (…) Al igual que los barrocos, somos creadores desenfrenados de imágenes, pero en secreto somos iconoclastas. No aquellos que destruyen las imágenes sino aquellos que fabrican una profusión de imágenes donde no hay nada que ver. La mayoría de las imágenes contemporáneas, video, pintura, artes, plásticas, audiovisual, imágenes de síntesis, son literalmente imágenes en las que no hay nada que ver, imágenes sin huella, sin sombra, sin consecuencias.

Byung-Chul Han, pensador coreano radicado en Berlín retoma a Baudrillard para decir finalmente que la verdad también se ha diluido. La verdad no importa y eso es lo que nos sucede en el show cotidiano de los “informativos”.

“En la sociedad de la transparencia lo que importa es la apariencia”, afirma Byung-Chul Han. “Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor al ser es el aparecer, el exhibirse. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook, para capturar la atención, para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate”.

“La transparencia que se exige hoy en día de los políticos es cualquier cosa menos una demanda política. No se pide la transparencia para los procesos de decisión que no interesan al consumidor. El imperativo de transparencia sirve para descubrir a los políticos, para desenmascararlos o para escandalizar. La demanda de transparencia presupone la posición de un espectador escandalizado. No es la demanda de un ciudadano comprometido, sino de un espectador pasivo. La participación se realiza en forma de reclamaciones y quejas. La sociedad de la transparencia, poblada de espectadores y consumidores, es la base de una democracia del espectador”.

“La acumulación de la información no es capaz de generar la verdad. Cuanta más información nos llega, más intrincado nos parece el mundo”. Más indiferentes nos volvemos, más incapaces de procesar tanto, más minúsculos, más pasivos, excluidos, impotentes, desolados.

Valeria Mendez

Periodista y fotógrafa

 

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