Levantando vuelo desde el Aeroclub Mendoza en la Puntilla

El Aeroclub Mendoza en los cerros de La Puntilla, al lado de Chacras, está remodelando y mejorando sus instalaciones. Se fundó en 1915 y aunque no estuvo siempre en su actual sede de La Puntilla, desde entonces sigue formando, entrenando y creando aviadores profesionales y deportivos. La escuela otorga licencias de Piloto Comercial de Primera Clase, y varios pilotos de líneas aéreas nacionales e internacionales se han formado aquí. Actualmente están mejorando las instalaciones, concretamente la cantina para los socios.

Desde el Aeroclub Mendoza en La Puntilla se pueden contratar paseos en avión de 30 minutos. Consultar aquí.

 

El Aeroclub Mendoza fue muy concurrido en los años 60, cuentan que casi todos los prohombres mendocinos eran amantes del vuelo. También porque en esa época estaba de moda ser piloto: “Había muchas expectativas sobre los aviones, pensaban que sería cada vez más fácil acceder a volar”, cuenta Christian Tsallis, vicepresidente del club y piloto privado.

Si bien es un hobby caro, hoy cuenta con 40 socios que vuelan. Para obtener la primera licencia de piloto privado son necesarias 40 horas de vuelo y el curso de instrucción que se dicta en el Aeroclub Mendoza. Cada hora de vuelo cuesta $1500. Entre las 15 y 20 horas de vuelo le largan los comandos al piloto novato para que lo haga solo, y el cielo es todo suyo, pueden alcanzar los 12.000 pies de altura, unos 4.500 metros. Entre 12 y 18 alumnos salen cada año con su licencia de este Aeroclub.

Para la gente que vive en las inmediaciones del aeroclub es común ver pasar los aviones los fines de semana y más de una vez hay quienes han temido que las naves caigan en sus casas. Sucedió una vez que cayó un avión en Chacras de Coria, en plena calle Viamonte. Los pilotos aseguran que el 90% de los accidentes es por errores humanos y que “este es un deporte que la tarjeta roja se paga con la vida. Justamente por eso te obliga a estar en forma y muy controlado”, comenta Tsallis.

Aseguran que “una vez que empezás se te hace un vicio, no podés vivir sin volar”. “Es altamente adictivo volar, es apasionante, si no fuera así no soportarías la situación de estrés, porque para volar tenés que estar siempre hiper atento a cada detalle”.

A Chrisian Tsallis le fascina el Valle de Uco, como buen ingeniero agrónomo que es, su circuito favorito está sobrevolando los viñedos de esta zona. “Me gusta ir por los cerrillos del Valle de las Carreras, hay fincas que tienen dibujos que solamente se aprecian desde el aire. Catena tiene un laberinto y hay otra que tiene el dibujo de un sacacorchos. El Clos de los 7 desde el aire parece la tierra del Señor de los Anillos, es muy bonita toda esa zona porque los diseños no son rectangulares”. De paso nos dice que a la montaña se le tiene un enorme respeto, que por regla los pilotos del aeroclub no se meten en la cordillera: “Podemos volar en forma paralela a la cadena de montañas pero no meternos. Para volar por la cordillera hay que subir a mucha altura”.

Otro de los socios, Juan Minetto fue durante mucho tiempo piloto del avión privado de Enrique Pescarmona. Cuenta con más de 5.000 horas de vuelo, número más que suficiente para ser piloto comercial ya que para obtener esta licencia se necesitan 200 horas de vuelo y 75 de navegación (volar a más de 20 millas del punto de partida) y vuelo por instrumentos. Lo mejor que le puede pasar a Minetto en el cielo es “cruzar un avión estelando, parece un cohete”, asegura. (Fotografía de portada gentileza Aeródromo Rivadavia).

Turismo aéreo

 

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