Museo Fader: Detalles de histórica restauración

El paso del tiempo y de las diversas intervenciones se aprecian en las paredes del Fader,  después de varios años de un profundo trabajo de investigación y restauración. El trabajo minucioso de dos restauradoras de arte, Cristina Sonego y Valentina Ruggiero dejan a la luz las capas superpuestas desde que en 1890 Emiliano Guiñazú comprara la casa y la abriera como estancia de veraneo. En cada habitación se llegó a la pintura original trabajando a mano con bisturí.

“El criterio fue dejar como base la etapa de Guiñazú y mostrar desde allí los murales que pintó arriba Fader”, explican las expertas. De esta manera se verán en las paredes los murales del artista pero también las guardas ornamentales que datan de la época de Guiñazú. En pequeños apartados se muestra también las sucesivas capas donde afloran motivos florales. “La pintura decorativa se ha reintegrado en forma mimética”, expresan las restauradoras, es decir imitando a la perfección los originales.

Otro detalle curioso es que las puertas originales de las habitaciones se han marcado en las paredes  ya que fueron remodeladas cuando Narcisa Araujo la donó para que se creara el museo.

El hall de ingreso era parte de la galería y las columnas de hierro fundido -las mismas que se conservaron en las galerías que rodean a la casa-  habían sido amuradas cuando se hizo el cierre para transformarlo en hall de ingreso. Se destaca apenas uno entra al museo su presencia.  Fueron extraídas de los muros y se aprecian apenas uno ingresa al Fader.

Los pisos de este sector también se mandaron a diseñar exactamente igual a los que se observan en antiguas fotografías donde Fernando Fader reposa en una silla.

Los lucernarios se dejarán visibles en la sala principal con los techos de quincha y caña originales. En esta misma sala se verá la pintura simil madera que data del siglo pasado y que ha sido reproducida siguiendo la línea original.

Las obras del Fader han implicado una inversión de 105 millones de pesos ejecutables en tres etapas. La primera consistió en tareas de consolidación del histórico edificio, que incluyó el recalce de muros, mediante la construcción de submuración bajo cimientos, hasta alcanzar suelo granular; la reparación de fisuras y grietas, mediante relleno adecuado; la vinculación en distintos niveles de los muros de mampostería, mediante perfiles; el refuerzo del muro de fachada; torreones y cubierta de losa de bovedillas y la construcción de cubierta para modificación de desagües pluviales.

En la segunda etapa, pronta a concluir y a inaugurarse, se trabajó en la puesta en valor, conservación y restauración de los murales del museo. Esta tarea fue desarrollada por un equipo de 12 mujeres profesionales, encabezado por la experta mendocina Cristina Sonego. Se verán murales de Fader nunca expuestos anteriormente.

El plan de trabajo en el Museo Fader contempló un abordaje integral a las 1.700 obras de arte con las que cuenta. Se categorizó y registró cada obra bidimensional y tridimensional, teniendo hoy un conocimiento detallado del estado de conservación de cada cuadro y escultura, tras la restauración preventiva.

La tercera etapa, que ya cuenta con proyecto ejecutivo para llevar adelante, consiste en la recuperación de la vieja construcción ubicada detrás del museo. El objetivo es sumarla como parte del emblemático espacio de arte.

Para ese fin, se trabaja desde una concepción más moderna, ya no en el sentido patrimonial sino que este espacio contará con salas de restauración y de guarda, además de nuevas salas de arte.

Textos y fotos: Valeria Mendez

Post by Valeria Mendez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *